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White
guys, black sounds
White
Stripes, Inmortal Lee County Killers, Soledad Brothers y ahora
The Black Keys parece que los chicos blancos quieren hacer
una nueva revisión del blues pero al contrario que
Eric Clapton o John Mayall buscan las raíces y el sonido
más crudo y pantanoso, el dúo ha sido el formato
elegido.
(Texto: Emilio Plastic, Fotografía:
Archivo) |
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Desde
la ciudad de Akron, Ohio, que vio nacer a grupos tan extrovertidos
como Devo o vocalistas de la talla de “Lux interior”
(Cramps), ahora le toca el turno al dúo que forman los
Black Keys. La comparación con los White Stripes se les
supone inevitable, pero creo que distan mucho unos de otros.
Mucho más tradicionales los primeros, con tintes algo
más blues y un sonido que se aleja del sonido Detroit
para acercarse al sonido de Memphis, nos ofrecieron un directo
arrasador.
Después de toda la publicidad y el bombo que se les había
dado, se colgó el cartel de “no hay billetes”.
Siempre con la cosa de si han tenido demasiada promoción
y una crítica al alza te acercas a la sala con el miedo
de fraude, pero en este caso, consiguieron convencer con creces.
Con una puntualidad rigurosa salieron Dan Auerback (guitarra
y cantante) y Patrick Carney (batería) que con solo 21
y 22 años fueron capaces de sorprender.
Apoyados por la sobriedad y la contundencia de Patrick a la
batería, todo un espectáculo verle tocar la pandereta,
maracas y batería, y en la voz impecable de Dan, llegando
a unos registros nada propios para su edad, 100% negroides,
sacando un sonido casi perfecto, con una excelente compenetración,
dieron un repaso a su segundo trabajo Thickfreakness.
Arrancándose desde el principio con temazos, de la talla
de “Hold Me In Your Arms” o “Hard Row”.
Casi sin descanso y sin permitir un momento de relajación
entre el público, que estaba totalmente rendido ante
ellos, dieron un concierto explosivo de Rock’n’Roll
en estado puro.
Con la renovada pero siempre eficaz versión de “Have
Love Will Travel”, se despidieron, desatando la histeria
colectiva. Fue un concierto escaso, de no más de 45 minutos
y con un bis de tan solo dos canciones.
Con influencias claras y diversas, pero con un sonido propio,
les espera buen futuro a los de Ohio, empezando a despuntar
ya desde tan pronto.
Como teloneros se vinieron con ellos los noruegos “Cato
Salsa Experience”, que ya habían estado acompañando
a los americanos Mooney Suzuki el pasado año en su gira
por Japón. Agradaron, con un rock sencillo, rompiendo
la monotonía con canciones algo más experimentales,
con mucho juego de percusión.
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