¿Cómo
definiríais vuestro proyecto de grupo?
Una píldora agridulce. Una rosa con sus espinas. Algo
que empuja los límites del Pop hasta moverlo hacia
territorios donde no suele estar muy cómodo, o sea,
hacia lo culto, la crítica social y política,
hacia un producto que exige un esfuerzo por parte del oyente,
una música que requiere que su público tenga
el afán de conseguir placer como resultado de haberlo
buscado en vez de recibirlo de forma pasiva. Es esa música
que existía en los años 70, la que entendía
un público nutrido de buenos sonidos y melodías,
un fenómeno que explotaron los Beefheart, los Bowie,
los ‘afterpunks’, los que sabían que existieron
los Velvets, y que entendían, en lo esencial, el espíritu
del ‘underground’.
Tras vuestro album hay un gran trabajo intelectual
que va más allá del puro trabajo musical. ¿El
hecho de que vuestras letras aparezcan reproducidas en el
libreto de The Recall Code significa que consideráis
importante enviar un mensaje a vuestro público?
Sí, es muy importante. Hasta la música
más aparentemente banal contiene bastante mensaje,
aunque sea simple y esté fuera del control de las primitivas
mentes responsables de su creación y divulgación.
Un 99,99% de lo que se puede oír, por ejemplo, en la
radio comercial, tiene un mensaje, casi siempre una invitación
a infectarse con el espíritu crapuloso que rige las
vidas de sus autores. Para nosotros el reto no es simplemente
enviar un mensaje, sino afilar su sentido, controlar sus connotaciones,
y encajarlo bien en su contexto musical, sea nuestra intención
narrar, fomentar el debate, o hacer reír.
Además de vuestra faceta como músicos
parece que os interesan otros movimientos culturales, en vuestro
disco habláis del “artista apátrida”.
¿Desarrolláis alguna otra actividad artística
o simplemente se trata de curiosidad intelectual?
Experimentamos con muchas formas expresivas. Juan
es diseñador y trabaja con las artes plásticas.
Yo era periodista en Londres y escribo sin apenas publicar
nada desde que era niño. Los dos queremos más
tiempo ahora para nuestros proyectos alternativos a la música.
La grabación de vuestro anterior album, Lovely
Cardoons, la realizasteis con la ayuda de un ordenador. ¿Cómo
ha sido la grabación de The Recall Code en este sentido,
y qué papel juegan las nuevas tecnologías a
la hora de grabar vuestros temas?
El ordenador, en nuestro caso un Macintosh, y los
programas para secuenciar, mezclar, programar y crear sonidos
han sido y van a seguir siendo primordiales para nosotros.
No entiendo cómo aún hay músicos que
quieren grabar pero que no han descubierto la calidad y la
libertad que ofrece el ordenador, a un precio muy asequible.
Sí, es verdad que hay que pasar un tiempo a veces largo
de aprendizaje y esto puede estorbar al noble cantautor que
quiere llegar al estudio con su guitarra y concentrarse solamente
en cantar y tocar.
The Recall Code transmite una gran madurez y serenidad,
es un trabajo casi redondo. ¿Teníais vosotros
una idea clara de lo que queríais o David Sheppard
os ayudó a encontrar el sonido adecuado?
David, sin duda, trajo su ‘redondeador’
hasta Valencia y pidió nuestro permiso para biselar
algunos ángulos que habíamos acentuado demasiado.
Ahora sabemos aplicar la teoría de que ‘menos
es más’.
Tratáis de que vuestra no se encuadre dentro
de un estilo en particular, vuestros temas suenan a cosas
tan clásicas como Tom Waits o Leonard Cohen, y a otra
tan actuales como Portishead o Morphine. ¿Qué
es lo que escucháis habitualmente?
Hay tantas cosas buenas en este momento y hemos disfrutado
mucho de recientes discos de The Czars, Dominique A, Fruit
Bats, Calexico, Smog, y sí, Tom Waits también.
Cada semana siento la necesidad de descubrir cosas del pasado
que se me habían escapado, y en los últimos
años he encontrado a gente como Tim Buckley, Michael
Chapman, Ivor Cutler, Superelvis, The Incredible String Band.
No obstante, cada x meses debo volver a escuchar unas referenias
imprescindibles como Astral Weeks, Marquee Moon, Low (Bowie),
Hank Williams, Jim Reeves, Edith Piaf, Jake Thackray, Roxy
Music, Serge Gainsbourg....
En relación a la pregunta anterior, ¿cómo
veis el panorama musical actual, tanto dentro como fuera de
España? ¿Creéis que se está abriendo
de nuevo el mercado para los grupos pequeños?
Como he dicho, estamos en una edad de oro para la
actual música independiente en cuanto a la cantidad
de cosas de buena calidad. En cambio, entre la enorme diversidad,
el impacto de la tecnología de grabadoras de CD y mp3,
y los precios abusivos del producto, ya no hay un mercado
que alimente a los músicos. Lanzarse significa patinar
sobre 3mm de hielo y tener que saltar desde esta superficie
para romper un techo de cristal que está fuera del
alcance de casi todos. Todos los nuevos, o caemos al agua
gélida, o nos quedamos en las orillas tocando para
los amigos.
Vuestros primer disco careció promoción,
el nuevo aparece en más medios y se distribuye mucho
más. ¿Estáis obteniendo los resultados
esperados? ¿Qué tal es la relación con
vuestra discográfica?
Tenemos una alta valoración del trabajo del
sello Zebra, un ‘one-man show’ de Vicente Martínez.
Ha promocionado bien el disco. No podemos explicarnos, en
cambio, el pobre rendimiento de la distribuidora El Diablo,
que nos ha fallado una y otra vez, primero al no tener el
disco en las tiendas hasta 12 días después de
su lanzamiento, con lo que se perdió el factor ‘impacto’
del tiempo y dinero que el sello y nosotros echamos a la promoción
inicial, y después al no esforzarse en poner pegatinas
en la portada para remediar un error de impresión que
dejó a la portada sin el nombre del grupo (otra cosa
que no nos ha gustado después de cuidar y pulir el
disco durante casi dos años). Otra cosa que nos ha
molestado muchísimo ha sido la actitud de las tiendas
FNAC que no han respetado un acuerdo entre nosotros, el sello,
y la distribuidora para sacar el disco con un precio ajustado
de menos de 10 euros. Los FNAC han incluido su propia plusvalía
en su precio de 12,50 euros, y han ignorado mi petición
de bajar este precio. ¡Un insulto para nosotros y sus
clientes! Los trabajos mal hechos y los descaros socavan los
esfuerzos y merman el ánimo.
¿Os consideráis un grupo de directo
o por el contrario os sentís más cómodos
en el estudio? ¿Tenéis planes para tocar en
directo?
Las dos cosas son muy distintas, especialmente para
JPS. Nos gustaría estar tocando ahora mismo, de hecho
hemos tocado conciertos de calentamiento pero las vidas que
tenemos y la distancia geográfica entre Juan y yo (son
más de 100 km) dificulta mucho el alargar la promoción
más tiempo. También, hay otros proyectos para
empezar y yo, por lo menos, estoy más a gusto componiendo
y grabando.
¿Cuáles son los planes de futuro del
grupo? ¿Pensáis seguir en la línea marcada
por vuestro último album o actuáis de manera
más espontánea?
Hay un tercer LP en marcha y otros proyectos también.
La variedad y el cambio son muy importantes en todo esto.
Esperamos sorprendernos a nosotros mismos con futuros trabajos.
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