Actualmente
el abanico de sonidos entre los que el aficionado puede rebuscar
es amplio, existiendo además un mayor apoyo por parte
de prensa y público en lugares como Estados Unidos y
Reino Unido, y cada una de las bandas muestra abiertamente unas
influencias de lo más variadas, lo que hace que los mas
jóvenes puedan dedicarse a investigar quién es
tal o cual banda de la que hablan Jack White o Dennis Lyxzen.
Como en todo estas bandas tienen sus pros y sus contras, a menudo
se ven buenos directos de “imitadores” de la vieja
escuela, profesionales que sin innovar en una formula cerrada
recrean lo mejor de una época que les hubiera gustado
vivir, como es el caso de bandas de la talla y la clase de The
Make Up, The Dirtbombs, The (International) Noise Conspiracy
o The Hives. Todos ellos tienen claro que no tienen por qué
inventar la rueda si su fórmula funciona inspirándose
en los Small Faces y los Sonics, y encima a la gente le gusta
(incluidos un gran número de puristas de la vieja escuela).
Hay veces que una banda gusta y no se sabe muy bien cómo
o por qué, gusta y punto, su directo convence aunque
su música no te llame excesivamente la atención
y no hay mas que hablar, a veces no son individuos con demasiada
clase, otras les sobra la clase y les falta algo de talento,
pero la cosa sigue funcionando. En los últimos tiempos
he tenido la suerte de experimentar esta sensación al
estar ante bandas como Gluecifer, The Hellacopters, Zen Guerrilla,
Nebula o The (International) Noise Conspiracy, siendo estos
últimos quizá los más limitados musicalmente,
pero no por ello incapaces de ofrecer un espectáculo
de lo mas inolvidable dejándose la piel en el escenario.
El problema viene con las copias de las copias, vamos que
esto se ha puesto de moda y ahora sale todo el mundo autoproclamándose
hijos de los MC5 o de James Brown, rodeándose de marketing
y encima recibiendo buenas criticas, pero el directo es la
auténtica hora de la verdad para todo este tipo de
elementos. Esto es lo que pensé hace unos días
cuando fui, sin demasiadas ganas, a ver un concierto de los
excesivamente valorados Tokyo Sex Destruction, la versión
made in Spain que no podía faltar. Si el disco no me
gustaba y ya me parecía excesiva la pose de los que
se decían herederos del mejor soul, el directo ya fue
para morirse. Decir que eran malos es ser benevolente con
unos tipos que eran incapaces de enlazar dos acordes seguidos,
que no tenían ningún tipo de carisma, imagen,
ni ninguna idea de lo que hacían. Demostraron no ser
más que una vergonzosa imitación de la imitación,
ellos mismos se cargaban toda la película que se habían
montado, el tema fue mas bien lamentable y ridículo,
y lo curioso del tema es que hasta les invitan a festivales
y les llevan de gira por Estados Unidos. En fin, no es más
que una muestra de que cuando algo funciona hay que aprovechar
el tirón, lo que ocurre es que esto no debería
ser de cualquier manera, copiar sí, pero con gusto
y profesionalidad por favor.
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